Todo comenzó hace unos 60, 65 años atrás, donde la muchachada de aquella época se juntaba por las tardes en la peluquería de mi padre, Lázaro Canullan, la peluquería de los Canullan, ahí era donde organizábamos los partidos entre los equipos de los diferentes barrios. En aquella época en San Martín y Newbery había un almacén de ramos generales, de un español llamado Ángel Martín, que tenia como encargado a Rubén Durisotti, entre la cantidad de cosas que tenia para vender había unas latas de pintura que eran marca Bull Dog, Rubén nos regalaba a nosotros gorras que le traían los viajantes con la inscripción de BullDog, de ahí se nos ocurrió el nombre para el equipo.
Yo era el principal encargado de organizar los partidos. Un día uno de los muchachos me dijo: ¿y si organizamos una comisión que se encargue de eso?, ahí nació la primera comisión, que tuvo como presidente al mayor de todos nosotros que era Juan Palanca.
A todo esto, ya habían pasado unos cinco años de las primeras reuniones, ya en ese entonces se realizaban en mi casa, nos quedaba chica la peluquería, me contaba sonriendo, recuerdo a Héctor Actis Grosso, que fue uno de los máximos colaboradores en los inicios de el club, él nos consiguió el terreno, donde actualmente esta la cancha, en el terreno había una feria de tres hectáreas y media, era de una tía de Alberto Ginested, una gran persona, que le pidió a su tía el terreno, nos ayudo a sacar todos los postes, y nos regalaba semillas de girasol para que sembremos a los costados de la cancha, y lo que cosechábamos era todo para nosotros, teníamos que recaudar fondos pero gracias a dios la gente en aquella época era muy solidaria. Ya estaba la cancha, pero era prestada, teníamos que juntar plata para comprar el terreno, entonces hicimos un almuerzo gratuito en el cual Roberto Botti, profesor de aviación, llevaba a la gente a dar vueltas en avión por arriba del pueblo, en ese almuerzo le pusimos un valor a cada metro del terreno, entonces la gente nos regalaba determinados metros y asi íbamos llegando a la suma de dinero que necesitábamos, también hicimos varios bailes y domas, éstas nos dejaban muy buena plata querido… recuerdo a Don Juan Conchi que nos brindaba el servicio de cantina y era el quien nos guardaba y contaba la plata de lo que recaudábamos.
Una vez que juntamos el dinero, compramos el terreno y comenzamos a hacer los vestuarios, Quito Bolmeni, era jugador del equipo en ese entonces pero también era albañil, el nos hizo los planos y entre todos los de la comisión y albañiles del pueblo levantamos los vestuarios. Luis Vesozzi también nos ayudo mucho, el sabía mucho de electricidad y colaboró para poner los postes y los reflectores de luz, dejó su propio trabajo para ayudarnos, imaginate querido que en esa época, era muy raro tener luz para una cancha de fútbol, (me comentaba entre lágrimas y sonrisas…)
Lo único que nos faltaba era el tapial para cerrar la cancha, que construimos con fondos de las rifas, entre las cosas que hacíamos para recaudar fondos nos mandamos una que quedo en mi memoria, se nos ocurrió hacer un juego de mongo, entonces le preguntamos al intendente que en esa época era Coppié y al comisario, nos saco cortitos y nos prohibió hacer el mongo, claro era totalmente ilegal, pero igual lo hicimos. Fue una mañana en el campo de Miguel Algarra, fue mucha gente de Daireaux y de los pueblos vecinos, preparamos un almuerzo y a la tarde servíamos bebidas y masas. Nos dejo mucha plata el mongo, pero si se enteraba el comisario, se iba a armar un lío bárbaro… (Me contaba con una sonrisa y una cierta picardía en su voz…).
Lo único que nos faltaba eran las camisetas, le pedimos a un comisionista que nos trajera unas camisetas para fútbol, unas semanas después las recibimos, eran amarillas y rojas con franjas verticales, eran hermosas y bien llamativas. Los pantalones que usábamos eran de diferentes colores, porque cada jugador se ponía el que tenia.
Recuerdo con mucho cariño a Justo Gutierrez, mas conocido como Yuyo Verde, él nos lavaba y planchaba las camisetas, las dejaba como nuevas, no dejaba que nos llevemos las camisetas a nuestras casas, pero después de un tiempo el se fue y cada uno se compraba su camiseta porque siempre faltaban, tomamos esa medida, pero entre los jugadores había algunos que no llegaban, a esos les dábamos una mano y se la compraba la comisión.
Recuerdo a mucha gente que colaboraba como José Flores, padre de Alfredo, Charlitos y el Negro Flores, Cacho Losada, y Nascroile, Del Carreto y el negro Licati eran los que llevaban los números, pero también me olvide de muchos, “pasando los 80 se van borrando los recuerdos”…
Pasé años formidables junto a mi esposa, ella preparaba el picadillo para la empandas junto a la gente de la comisión y las esposas de los otros jugadores, una de las que mas colaboraba era Lidia Canullan, mi sobrina, “en aquellos años había gente con ganas de trabajar”.
Le dedique mucho tiempo de mi vida al club, pero como todo lo que comienza tiene un final. Se nos había ocurrido traer unos pilotos de Bahía Blanca con unas motos 500 C.C. entonces teníamos que hacer la pista a los costado de la cancha para no romperla, para eso teníamos que sacar los postes de la luz. Una tarde yo estaba sacando un poste y se me empieza a desboronar y se me viene abajo, a unos metros estaba “El Pelado”, el poste lo rozó y lo dejo tirado en piso. Estuvo en el Hospital tres días mas o menos, se recupero muy bien, pero yo me amargue… pensaba en los hijos de “El Pelado” y me imaginaba lo que podría haber pasado si el poste se le caía encima. Unos días más tarde organicé una reunión y les dije a todos que no quería estar mas en la comisión ni en el equipo, todos me decían que me quede que no había pasado nada, pero había algo dentro de mí que me lo impedía…
Desde entonces he ido solamente tres veces a la cancha, pero no me arrepiento de nada de lo que hice. “Tengo muchas fotos pero son del tiempo de ñaupa”.
Ahora mis hijos no me dejan trabajar y los fines de semana me dedico a visitar familiares o viejos amigos.